Jamás hay que dejar la embarcación sin antes haberlo intentado todo para mantenerla a flote. Una embarcación, aún tumbada, es más segura que cualquier balsa salvavidas.

Si no tenemos otra opción que abandonar la embarcación, tendremos que tener en cuenta:

  • Determinar la situación (dónde nos encontramos, medios, situación rescatador,…, con la cabeza lo más fría posible (es aconsejable hacer entrenamientos (rutinas) del procedimiento de abandono, aunque nada puede superar a la realidad de una situación tan dura).
  • Preparar provisiones, ropa de abrigo, comida, las señales de socorro y, sobre todo, agua.
  • Lanzar una llamada de socorro por radio.
  • Si no tenemos una balsa salvavidas o un bote, nos arrojaremos al agua siempre con los chalecos salvavidas puestos y tirando también cosas que nos pueden ayudar a mantener la flotabilidad
  • En el momento de saltar con un chaleco salvavidas puesto, nos taparemos la nariz con una mano, y con la otra sujetaremos el chaleco para que no se suba a la cara en el momento en que entremos al agua. Nos tiraremos dando un paso hacia delante y mirando hacia el horizonte, cabe aclarar que previamente miramos al agua para asegurarnos que no se encuentre debajo de nosotros ningún tripulante u objeto flotante que nos pueda lastimar.
  • Una regla esencial es mantenerse juntos en todo momento y siempre cerca del naufragio ya que es la última posición de la que dimos parte a nuestro socorrista.
  • Hay que abstenerse de nadar salvo de que tengamos una oportunidad real de llegar a cualquier objeto que nos mantenga a flote, para este caso formaremos la denominada “oruga” que consiste en tomar a nuestro compañero por las axilas con nuestros pies y nadar de espalda (aunque seamos los únicos).

 

navega@velasyviento.com

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